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Fecha: 17/12/2018

La solidaridad murciana no se olvida de Moria


La solidaridad murciana no se olvida de Moria



Voluntarios de la Región denuncian el hacinamiento y la falta de servicios en el campo de refugiados de la isla de Lesbos



En un abrir y cerrar de ojos, un par de niños de menos de cinco años han prendido un deslumbrante fuego de unos rescoldos. Con la misma naturalidad y presteza acercan sus manitas para entrar en calor. Acaba de atardecer y aún no es oficialmente invierno, pero el viento y la humedad desploman la sensación térmica en la isla griega de Lesbos, frente a la costa turca. De este modo ancestral, rudimentario y peligroso se calienta el millar y medio de seres humanos, de todas las edades, que malviven en 'La Jungla', una maraña de tiendas de campaña entre olivos con la que se ha expandido el desbordado campo de refugiados de Moria.

Aunque la ola xenófoba contra la extranjería alcanza toda Europa, incluida ya la península ibérica, la solidaridad sigue llegando a Grecia y entre los voluntarios son especialmente numerosos los españoles, como los murcianos de la Asociación Amigos de Ritsona, que han vuelto a Lesbos a denunciar el abandono de quienes huyen de guerras y conflictos en Oriente Medio y África.

«La situación en Moria es vergonzosa, hay cerca de 9.000 personas entre el campo oficial, atestado con el triple de población para la que fue diseñado, y el informal», cuenta Teresa Fuentes. La asociación se creó para ayudar en un campo cercano a Atenas, pero colabora también en la isla griega y en la capital, paliando con un par de pisos el drama de los jóvenes sin techo, expuestos a todo tipo de abusos y empujados en muchos casos a prostituirse para sobrevivir.

Cupos incumplidos

«Faltan todos los servicios básicos y está pasando en Europa, con nuestra complicidad, porque los gobiernos están incumpliendo el cupo de acogida de refugiados al que se comprometieron», añade la voluntaria murciana. La nacionalidad más numerosa en Moria es la afgana. «Nuestra vida allí estaba en peligro», explica la joven Masuma Islami, de 18 años. «Teníamos una casa muy bonita», resalta de su vida en la provincia de Ghazni, en el centro de Afganistán y controlada parcialmente por los talibanes desde este verano. Durante la ofensiva una bomba mató a su tío y su primo, así que su padre, un ingeniero de clase media, decidió migrar con toda la familia hacia Europa.

«Por darle un hogar a menores no acompañados nos podían acusar de tráfico de personas», se indigna Fuentes. El mismo delito por el que fueron a juicio unos bomberos sevillanos y por el que han pasado en prisión seis meses, hasta la semana pasada, los miembros de una ONG que vigilaba la costa de Lesbos para evitar naufragios.



«Solo les queda la dignidad»

Más difícil de combatir que el frío y el hambre es la depresión que asola Moria. No tener nada que hacer, un día tras otro, es un camino directo a la autodestrucción. Para sortearlo, muchos refugiados se han convertido en voluntarios. «Desde que dejé mi país, hace seis años, he recibido ayuda de mucha gente, y yo procuro hacer lo mismo sin importarme su color de piel, idioma o religión», explica el iraquí Mohamed Khataf. «Empecé como entrenador de de fútbol y después estuve haciendo desayunos, así descubrí cuánto me gusta ayudar a otros», cuenta este joven de 23 años, dos de ellos en la isla de Lesbos.

«Siendo voluntario he aprendido inglés, ha sido como una escuela», añade con la fluidez que no adquirió en la escuela que hubo de abandonar tras la invasión norteamericana. Masuma y Mohamed son voluntarios de Refugee4Refugees, una ONG fundada por un refugiado sirio y tres voluntarias españolas que ha puesto en marcha una tienda gratuita de ropa, donde los refugiados ejercen su derecho a ser presumidos y pueden probar y elegir la ropa que se les dona.

«La dignidad es lo único que les queda. En Moria no pueden decidir nada. Al menos que puedan elegir ropa», razona la coordinadora Inés Eguiagaray, defendiendo que su humanizado sistema de distribución de ropa es más eficiente porque «se llevan lo que van realmente a ponerse» y son atendidos en su propio idioma por otros refugiados que conocen sus costumbres. Desde mediados de noviembre, esta ONG, que ha recibido fondos recaudados por los trabajadores de la UPCT y 'La Verdad', ha repartido 11.000 piezas de ropa y 8.500 productos higiénicos a más de 1.300 refugiados.


Fuente: laverdad.es

Web: https://www.laverdad.es/murcia/solidaridad-murciana-olvida-20181217004731-ntvo.html

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